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lunes, 31 de marzo de 2008

NUEVA REPRESIÓN EN EL JIRÓN QUILCA




URGENTE: de mi correo personal copio (sin cambios) este mensaje de Piero.

artistas y bohemios de killca comunicado‏
De: Piero Bustos (averoqatacadenuevo@hotmail.com)
Enviado: lunes, 31 de marzo de 2008 11:25:36 p.m.


El viernes 14 de marzo en el bar cultural YACANA infiltrados apristas disfrazados de jovenes parroquianos boicotearon los encuentros poéticos de la escuela de lima llegando a agredir en la calle a la conductora de dichos recitales poeticos.
Esa misma noche un centenar de policias cerró la cuadra 2 del jiron quilca deteniendo a decenas de jovenes que se hallaban comprando libros y bebiendo pacíficamente en los bares de esa comunidad. La intervención al AVERNO no pudieron lograrla del todo ante la decidida defensa del local de los bohermios ahi presentes quienes expulsaron a los invasores a punta de canciones y flashes de las cámaras celulares.
Después de la aparente calma de los feriados de semana santa exactamente el jueves 27 la policía ingreso nuevamente en gran numero al YACANA justo cuando estudiantes de bellas artes inaguraban una exposicion.
Con la misma modalidad pidieron documentos anotando nombres sospechosamente y levantando un acta donde denuncian el supuesto hallazgo de droga en la barra del bar.El administrador del local rechazo en todo momento esta imputacion aduciendo el sembrado de la droga para asi iniciar una campaña de desprestigio y amedrentamiento contra el YACANA.

Pero eso no es todo este viernes 28 de marzo la represion hizo nuevamente su visita a la calle quilca en busca de ´tipos peligrosos¨ camuflados de artistas .En esta oportunidad detuvieron a todas una tropa de sikuirs de la puerta del AVERNO llevandose a varios menores de edad a la comisaria.

Que es lo que busca el gobierno atraves de toda esta campaña represiva .Estara haciendo tal vez un inventario de artistas de izquierda para luego proceder a una descarnada caceria selectiva propia de los facistas.Estaran tal vez dando señales de advertencia para que la gente deje de pensar y cuestionar este miserable sistema imperialista.
Este comunicado es pues de denuncia contra aquellos ignorantes que tratan de encasillar lo que no entienden en el saco de los violentistas.
Nosotros los que paramos en quilca nos reafirmamos en la libertad de pensamiento y en la esperanza de que otro mundo es posible.
Hacemos responsable al gobierno Aprista de cualquier otro atropello a nuestros derechos humanos.
Seguiremos en en el camino trazado hace mas de 20 años cuando comenzamos a trabajar en esta historica calle.
Nos solidarizamos con todas las personas victimas de este clima de inseguridad y violencia que se ha instalado nuevamente en nuetra politica cotidiana.

quilca 1 de abril del 2008

domingo, 30 de marzo de 2008

ENTREVISTA A VÍCTOR CORAL EN "DOMINGO" DE "LA REPÚBLICA"



“Hay odios que atraviesan generaciones”

Crítico literario nada complaciente, Víctor Coral lleva dos décadas escribiendo sobre libros en diversas publicaciones. Ahora es además un blogger (Luz de Limbo) habituado a lidiar con las pasiones, inquinas y arbitrariedades del mundillo literario limeño. Sobre esas controversias, a veces menudas y otras realmente trascendentes, habla Coral en las siguientes líneas.

Por Raúl A. Mendoza C.
Foto: Claudia Alva



–Percibo que el ambiente literario está muy contaminado por enemistades irreconciliables. ¿Es verdad?

–Durante los más de veinte años que tengo dedicados a la literatura, he visto muchas rivalidades, enemistades y disputas, pero solo una mínima parte han sido ventiladas públicamente –lo de la desafortunada bronca "andinos"/"criollos" es casi una solitaria excepción–, la mayor parte de ellas se desarrollan soterradamente, y hay odios que atraviesan generaciones, pero creo que son básicamente de dos tipos: personales e ideológicos (en menor medida).

–¿No hay una raíz social? Digamos... "cholos" y "regios".

–Cada vez a menos gente le interesa si tal o cual escribe para el pueblo o para una élite, con tal de que lo haga bien –yo mismo leo con el mismo placer a Ampuero y a Miguel Gutiérrez–, sí hay, en cambio, disputas personales con respecto a espacios en medios y a acceso a editoriales, pero esa es una preocupación secundaria con respecto al hecho literario. En lo principal, que es la calidad, creo que hay empate. Decir nombres, en consecuencia, sería irrelevante.

– La blogósfera literaria te ha tenido en el centro de la batalla ¿Nos puedes contar un poco de estos avatares?

–La blogósfera literaria está en formación. Digamos que el Big Bang acaba de darse y todo se ve medio revuelto, pero eso irá asentándose. Creo que hay cuatro o cinco blogs (decir cuáles sería de mal gusto) que están haciendo bien el trabajo, aunque sesgados por sus intereses personales (otra vez) y por la ideología. Con el tiempo irán quedando unos tres o cuatro como referentes y los otros irán desapareciendo.

–¿Quedarán los referentes? Pero los sensacionalistas son también muy visitados

–Quedarán muy pocos, porque la blogósfera literaria tiene una dinámica y una libertad que son materialmente imposibles en medios físicos. Para quedar como referente, empero, tiene que haber seriedad. Eso es lo que he tratado de hacer con mi blog desde hace más de medio año. Menos polémica y más trabajo crítico, así avanzaremos.

–Así como hay enemigos, hay "amiguismos". ¿Qué opinas de críticos que comentan a sus amigos?

–Es válido, pero debe evitarse en lo posible. Hay demasiados creadores ahora, muchos de ellos jóvenes, que necesitan atención; ¿nos vamos a restringir a nuestros cinco o diez amigos? Me parece mezquino.

–¿Crees que hay envidia en algunas críticas? Faverón acusó a "La Cuarta Espada" de banal. Se habla de muchas incorrecciones en este libro, un poco difícil que sea solo "mala leche" contra Roncagliolo.

–No, no es solo mala leche. De hecho ese es el libro más irregular de Santiago, pero eso no quita que puede haber críticos que vengan siguiéndole la pista, con mala leche, a la trayectoria de Roncagliolo. Rebusquen las críticas que se le han hecho a todos los libros de este escritor, desde el primero hasta el último, y verán que hay alguien obsesionado con él. Por lo demás, sé por fuente directa que a Santiago le divierte el asunto.

–Volvamos a lo tuyo: ¿En qué medio empezaste como crítico?

–Bueno, aquí quisiera hacer un reconocimiento al maestro Alfonso Latorre, que fue el primero que me dio la oportunidad –justamente en La República– de escribir en un diario. Con Alat aprendí a elegir los temas en relación con aspectos de la coyuntura, a enfocar adecuadamente lo que quería decir, y a ajustar la expresión. Un gran maestro cuyo magisterio periodístico y de escritura debería ser mejor recogido.

UN POCO DE VACAS SAGRADAS

– La mejor obra literaria peruana actual que hayas leído...

–No te puedo responder a esa pregunta así, en seco. Pero te puedo contar que he releído Los ríos profundos y Un mundo para Julius el año pasado, y me he quedado –de distinta manera– maravillado con ambas novelas. En poesía, creo que pasado el boom Eielson (un grande) queda cada vez más inconmensurable la obra de Martín Adán.

–Andinos vs. criollos...

–Una gran oportunidad –desperdiciada– para aclarar algunas cosas del proceso literario peruano. Pudo haber sido la gran realización del debate que nunca se dio entre Vargas Llosa y Arguedas.

–Un enemigo en el mundillo literario.

–De mi parte, ninguno. De parte de unos tres o cuatro, seguro que yo.

–Un amigo...

–Si me preguntas por el mundo literario, es la pregunta del millón. Me quedo con el poeta José Pancorbo Beingolea y con Óscar Malca.

–Una mala experiencia (literaria)...

–Una vez me avisaron que había ganado un importante premio. A los diez minutos me llamaron de nuevo para decirme que había habido una equivocación y que me daban una mención honrosa. Espantoso.

– Un joven escritor que deberíamos promover.

–Varios. Te nombraré por ahora a los poetas Giancarlo Huapaya y Salomón Valderrama, y a Carlos Yushimito (narrador). Andrea Cabel también, pero ella ya tiene cierta presencia.

–Un joven escritor que deberíamos remover...

–No, pues, necesitamos más gente que escriba. A quienes deberíamos remover –un poco a lo Gonzalez Prada– es a un par de vacas sagradas que ya están para la jubilación.

–El mejor crítico...

–En medios: Ricardo González Vigil. En la academia: Dorian Espezúa.

viernes, 28 de marzo de 2008

charla dadá, mantenida en la galería neumann, berlín, el 18 de febrerO de 1918 pOr richard huelsenbeck.



Richard Huelsenbeck

señOras y señOres: hOy tengO que decepciOnarles; esperO que nO me lO tOmen a mal, me da exactamente lO mismO. nOs hemOs reunidO aquí para una lectura de pOetas. Vds. desean Oír a algunOs pOetas, tal cOmO se presentan y tal cOmO resucitan sus versOs. lOs pOetas sOn pOrtadOres de la cultura y ustedes desean absOrber esa cultura. perO, cOmO les he dichO, debO decepciOnarles. me he decididO a dedicar esta lecciÓn al dadaísmO. el dadaísmO es algO que Vds. nO cOnOcen, perO tampOcO necesitan cOnOcer. el dadaísmO nO era una tendencia artística, ni una tendencia en la pOesía; ni tenía nada que ver cOn la cultura. fue fOrmadO durante la guerra en zúrich, en el cabaret vOltaire pOr hugO ball, pOr mí, pOr tzara, jancO, hans arp y emmy hennings. dadá quería ser más que cultura y quería ser menOs; exactamente nO sabía qué quería ser. pOr esta razÓn si Vds. me preguntan qué es dadá les diría: nO era nada y nO quería nada. dedicO, pOr cOnsiguiente, esta cOnferencia a lOs pOetas respetadOs de la nada. pOr favOr, sigan tranquilOs, nO se les causará ningún sufrimientO cOrpOral. lO únicO que les pOdría suceder es estO: que Vds. hayan gastadO inútilmente su dinerO. en este sentidO, señOras y señOres: ¡viva la revOluciÓn dadaísta! (...) Ahora bien, ¿qué es el dadaísmo? La palabra dadá simboliza la relación más primitiva con la realidad circundante; con el dadaísmo se abre paso con pleno deerecho una nueva realidad. La vida se manifiesta como un barullo simultáneo de ruidos, colores y ritmos espirituales, que es aceptado de un modo imperturbable en el arte dadaísta con todos los gritos y fiebres sensacionales de su psique cotidiana osada y en toda su realidad brutal. En esto estriba la encrucijada agudamente pronunciada que separa al dadísmo de todas las corrientes artísticas anrteriores y sobre todo del futurismo, al que hace poco algunos imbéciles han considerado como una nueva edición de la realización impresionista. El dadaísmo, por primera vez, ya no se enfrenta de un modo estético a la vida, ya que hace trizas en sus partes integrantes todos los tópicos de la ética, de la cultura y de la interioridad, que no son más que abrigos para músculos débiles.

DRAGULA DE ROB ZOMBIE Y EL TRAILER DE HALLOWEEN, PELÍCULA RECIENTEMENTE ESTRENADA EN LIMA

Aquí un pedido de mis colaboradores y amigos, espero que puedan soportar los gritos y la estética (llamada por ahí) anti sistema.



TRAILER DE HALLOWEEN
Recomiendo esta película, aunque no supera a su anterior producción "La Casa de los 1000 cadáveres", donde se luce su rubia compañera de toda la vida. Un apunte aparte merece su "Los Renegados del Diablo", película en la que nuestro cantor da una patada a lo que es "ser" director de cine. Aquí el trailer de "Halloween", que todavía pueden encontrar en algunos cines de Lima:

Mario Vargas Llosa escribe sobre Louis-Ferdinand Céline

(El presente artículo salió publicado en el importante diario "El País", por aquí "El Comercio" en fecha 23/3/2008 lo reprodujo)

Por Mario Vargas Llosa. Escritor

Curioso por el entusiasmo que despertó en Onetti, sobre el que escribo un ensayo, la primera novela de Céline, he vuelto a leer --¡después de casi medio siglo!-- al último escritor "maldito" que produjo Francia. Como escribió panfletos antisemitas y fue simpatizante de Hitler, muchos se resisten a reconocer el talento de Louis-Ferdinand Céline (1894-1961). Pero lo tuvo, y escribió dos obras maestras, "Viaje al final de la noche" (1932) y "Muerte a crédito" (1936) que significaron una verdadera revolución en la narrativa de su tiempo. Luego de estas dos novelas su obra posterior se desmoronó y nunca más despegó de esa pequeñez y mediocridad en que viven, medio asfixiados y al borde de la apoplejía histérica, todos sus personajes.




En aquellas dos primeras novelas lo que destaca es la ferocidad de una postura --la del verboso narrador-- que arremete contra todo y contra todos, cubriendo de vituperios y exabruptos a instituciones, personas, creencias, ideas, hasta esbozar una imagen de la sociedad y de la vida como un verdadero infierno de malvados, imbéciles, locos y oportunistas, en el que solo triunfan los peores canallas y donde todo está corrompido o por corromper. El mundo de estas dos novelas, narradas ambas en primera persona por un Ferdinand que parece ser el mismo (en "Muerte a crédito" cuenta su niñez y adolescencia hasta que se enrola en el Ejército y, en "El viaje al final de la noche", su experiencia de soldado en la Primera Guerra Mundial, sus aventuras en el África y en Estados Unidos y su madurez de médico en los suburbios de París), sería intolerable por su pesimismo y negrura, si no fuera por la fuerza cautivadora de un lenguaje virulento, pirotécnico y sabroso que recrea maravillosamente el argot popular y finge con éxito la oralidad, y por el humor truculento e incandescente que, de tanto en tanto, transforma la narración en pequeños aquelarres apocalípticos. Estas dos novelas de Céline, más que para ser leídas, parecen escritas para ser oídas, para entrar por los oídos de un lector al que los dichos, exclamaciones, improperios y metáforas del 'titi' parisien de los suburbios le sugieren todo el tiempo un gran espectáculo sonoro y visual a la par que literario. Qué oído fantástico tuvo Céline para detectar esa poesía secreta que escondía la jerga barriobajera enterrada bajo su soez vulgaridad y sacarla a la luz hecha literatura.




No hay un solo personaje entrañable en estas novelas, ni siquiera alguno que merezca solidaridad y compasión. Todos están marcados por el resentimiento, el egoísmo y alguna forma de estupidez y de vileza. Pero todos imantan al lector, que no puede apartar los ojos --los oídos-- de sus disparatadas y sórdidas peripecias, sobre todo cuando hablan. El menos repelente de todos ellos es, sin duda, el astronauta e inventor de "Muerte a crédito", Courtial des Pereires, --una versión gangsteril y diabólica del tierno Silvestre Paradox de Pío Baroja-- que luego de estafar a media Francia con sus delirantes invenciones y sus exhibiciones aerostáticas, termina descerrajándose un escopetazo en la boca que lo convierte en una masa gelatinosa que pringa las últimas cincuenta páginas de la novela y hasta a los lectores los ensucia de pestilentes detritus humanos. No creo haber leído jamás unas novelas que se sumerjan tanto y con semejante placer y regocijo en la mugre humana, en toda ella, desde las funciones orgánicas hasta los vericuetos más puercos de los bajos instintos.




Siempre se ha dicho que el Céline político solo apareció después de escribir sus dos primeras novelas, cuando su antisemitismo lo llevó a excretar "Bagatelles pour une masacre" y otros repugnantes panfletos de un racismo homicida. Pero la verdad es que, aunque, en términos estrictamente anecdóticos, estas novelas no desarrollen temas políticos, ambas constituyen una penetrante radiografía del contexto social en que el nazismo y el fascismo echaron raíces en Europa en los primeros años del siglo veinte. El mundo que Céline describió en sus novelas no es el de la burguesía próspera, ni el de la desfalleciente aristocracia, ni el de los sectores obreros de lo que, a partir de aquellos años, se llamaría el cinturón rojo de París. Es el de los pequeños burgueses pobres y empobrecidos de la periferia urbana, los artesanos a los que las nuevas industrias están dejando sin trabajo y empujando a convertirse en proletarios, los empleados y profesionales que han perdido sus puestos y clientes o viven en el pánico constante de perderlos, los jubilados a los que la inflación encoge sus pensiones y condena a la estrechez y al hambre. El sentimiento que prevalece en todos esos hogares modestos, donde los apuros económicos provocan una sordidez creciente, es la inseguridad. La sensación de que sus vidas avanzan hacia un abismo y que nada puede detener las fuerzas destructoras que los acosan. Y, como consecuencia, esa exasperación que posee a hombres y mujeres y los induce a buscar chivos expiatorios contra la condición precaria y miedosa en la que transcurre su existencia. Bajo las apariencias ordenadas de un mundo que guarda las formas, anidan toda clase de monstruos: maridos que se desquitan de sus fracasos golpeando a sus mujeres, empleados y policías coloniales que maltratan con brutalidad vertiginosa a los nativos, el odio al otro --sea forastero al barrio, o de distinta raza, lengua o religión-- el abuso de autoridad, y, en el ánimo de esos espíritus enfermos, en resumen, la secreta esperanza de que algo, alguien, venga por fin a poner orden y jerarquías a pistoletazos y carajos en este burdel degenerado en que se ha convertido la sociedad.




Todos estos personajes son nacionalistas y provincianos en el peor sentido de estas palabras: porque no ven ni quieren ver más allá de sus narices. Como el Ferdinand Bardamu de "El viaje al final de la noche" pueden recorrer el África negra y vivir en Estados Unidos, o, como el Ferdinand de "Muerte a crédito" pasar cerca de dos años en Inglaterra. Inútil: no entenderán ni aprenderán nada sobre los otros porque, por prejuicio, desgana o desconfianza, son incapaces de abrirse a los demás y salir de sí mismos. Por eso, regresarán a su suburbio aldeano, a su campanario, como si nunca lo hubieran abandonado. No saben nada de lo que ocurre más allá de su entorno porque no quieren saberlo: como si romper las celdas en que se han encerrado por el miedo crónico en que viven, fuera a hacerlos más vulnerables a esos misteriosos enemigos de que se sienten rodeados. Pocos escritores han descrito mejor que Céline ese espíritu tribal que es el peor lastre que arrastra una sociedad que intenta progresar y dejar atrás los prejuicios y hábitos reñidos con la modernidad. En Céline no hay la menor intención crítica frente a esta humanidad obtusa y estúpida que describió con intuición genial. Para él, el mundo es así, los seres humanos están hechos de ese apestoso barro y nada ni nadie los mejorará.




Céline pertenecía a este mundillo y nunca salió de él. Por sus simpatías hitlerianas, al final de la guerra huyó a Alemania tras los nazis que escapaban de París y, luego de un peregrinaje patético que narró en unas seudonovelas que no son ni sombra de las dos primeras que escribió, terminó en una cárcel danesa. Dinamarca se negó a extraditarlo argumentando que si lo entregaba a Francia no tendría un juicio imparcial y sería poco menos que linchado. (Estuvo a punto de ser asesinado durante la ocupación por un comando de la resistencia en el que, por lo menos eso juraba él, participó el escritor Roger Vailland). En 1953, fue amnistiado y pudo regresar a París. Volvió a la banlieu donde acostumbraba jugar a la 'pétanque' con amigos de su barrio. Jamás se arrepintió de nada. Poco antes de morir concedió una entrevista en la televisión a Roger Stéphane. Nunca he olvidado esa cara del viejo Céline con la barba crecida y sus ojos enloquecidos, clavados en el vacío, mientras, apretando su puñito esquelético, su vocecita cascada rugía, frenética, ante la cámara: "¡Cuando los amarillos entren a Bretaña, ustedes, franceses, reconocerán que Céline tenía razón!".








Lima, marzo del 2008
© Mario Vargas Llosa, 2008.
© Diario "El País", SL/ Mario Vargas Llosa. Prisacom.

LA VIEJA CARNE



(Vídeo: Paul Gillén sobre Carrillo en el "Templarios Bar")

Por migoya

“No haga cosas malas, señor”
Para tenerlos bajo llave, de Carlos Carrillo



Me encuentro ante la tesitura de comentar un único libro desde dos perspectivas: una, desde la perspectiva literaria, la única que cuenta; dos, desde la perspectiva moral, criterio cuando menos irónico si tenemos en cuenta que el libro en cuestión supuestamente propone y abraza la inmoralidad absoluta. Se trata de “Para tenerlos bajo llave”, un libro de cuentos de terror cuya descripción más afinada y agradecida la proporcionó una librera limeña al catalogarlo como “pornográfico, satánico y pedófilo”. ¿Cabe mejor elogio para un libro de este género?

1 – Perspectiva moral
Su autor, el perturbador en su apacibilidad Carlos Carrillo, también conocido como El Pitufo Sodomita, se quejó a finales del año pasado de que su libro, editado por el pequeño sello Bizarro Ediciones, había sido aceptado para a los pocos días ver rechazada su venta por parte de una librería de Lima, bajo las arriba mencionadas acusaciones. La encargada de la librería (librería bautizada por cierto con el nombre de un prostíbulo de ficción, el que titula mi novela favorita de Vargas Llosa), adujo básicamente que en su establecimiento ella tenía derecho a vender lo que quisiera: y -se sobreentiende- que encontraba el contenido del libro excesivamente repugnante para venderlo allí.

Lejos de mi ánimo está el de entrometerme donde no me llaman, pero no me ha dejado de sorprender la rapidez con que, en la escena literaria “local”, se formaron dos bandos humanos antagónicos: uno, el ofendido, el indignado, el humillado, presto a defender la libertad de venta y difusión de “Para tenerlos bajo llave” y a sacarle el partido promocional que requiriera o no el caso; dos, el de los que se declararon a favor del derecho de la librera a vender o no lo que le viniese en gana y, al mismo tiempo, negaron que tal actitud revistiera ningún asomo de censura.

Nada me obliga a pronunciarme respecto de este asunto, excepto cierto sentido de la responsabilidad proveniente exclusivamente de mi propio pasado literario. En cualquier caso, y sin sacar un hecho anecdótico de madre (pero ya fue sacado hace tiempo por mucha otra gente, a la que en el fondo le beneficia sacarlo, a favor o en contra) creo que una librería no tiene derecho a rechazar la venta de un libro aduciendo esas razones ni ningunas otras; a no ser que dicha librería en concreto esté especializada en el ‘criterio’ mediante el cual ha marginado un libro como el que nos ocupa.
¿Desde cuándo el gusto –o peor: el disgusto- personal del librero rige el contenido de una librería? Desde luego, es la primera noticia que tengo al respecto. Como libre consumidor, cuando acudo a un establecimiento espero encontrar lo mejor de la materia que ese establecimiento venda; así como si voy a un videoclub, mi intención es descubrir un catálogo lo más completo posible de las películas que se producen hoy día y, a ser posible, también de las antológicas: a no ser que vaya prevenido porque el videoclub se publicita especializado tan sólo en películas clásicas, o películas deportivas, o películas pornográficas; pero si entro en ese videoclub y pregunto por una comedia de adolescentes descerebrados (uno de mis géneros favoritos) y el propietario me contesta que no vende ni alquila comedias de adolescentes descerebrados porque no le gustan, evidentemente, como posible cliente, me cabreo y me parece injusto: sobre todo por no haberme advertido antes, desde la misma entrada. Yo entro a una tienda con mi criterio como rasero para juzgar qué quiero o no quiero adquirir, y si necesito del criterio del dependiente, le consulto; pero lo que no estoy dispuesto a aceptar, lo que no debería jamás admitir, es que el dependiente me diga qué puedo o no comprar. A no ser, repito, que el dependiente anuncie su establecimiento como “Videoclub sin sección de comedias de adolescentes descerebrados”. Entonces me parecería más razonable, porque no existe fraude de expectativas por medio; y puedo decidir si entro o no, con conocimiento de causa (en este caso, obviamente, jamás entraría a un videoclub así).

Por la misma razón (y pese a la escasa aplicabilidad del ejemplo ilustrativo escogido, dado que en Perú no existen los videoclubs… al menos los legales), no me parece de recibo que una librera declare que ella vende los libros que le da la gana: entonces, insisto, que lo incluya como característica definitoria en el perfil de su establecimiento. Mientras no informe públicamente de que en su Librería no se vende material pornográfico, satánico y pedófilo, no concibo en qué manera (salvo que se pruebe judicialmente que el material prohibido es pedófilo, que yo sepa la única cualidad etiquetada de ilegal en estos y aquellos pagos) tenga derecho a rechazar la venta de un producto cuando días antes había aceptado venderlo. Además, si yo entro a una librería como la que viene al caso buscando un libro como el de Carlos Carrillo y me marcho sin encontrarlo –y sin saber que no lo he encontrado porque en la entrada de la librería no se explicita, vuelvo a insistir: “Librería especializada en libros no pornográficos, ni satánicos ni pedófilos”-, me voy a cabrear mucho si luego me entero del doble rasero injustificado que imparte el/la profesional responsable de la tienda y del que no me ha informado previamente: me voy a sentir estafado como cliente, y con motivo.

Otra cuestión, naturalmente, sería si al autor y al editor les ha venido o no de perlas este asuntillo, más que de censura de discriminación injustificada (estamos hablando de literatura, no de textos educativos), para desproporcionarlo y convertirse en Víctimas por un Día del corrillo mediático vecinal. En todo caso, dos aspectos sorprenden: la rabia indisimulada que siempre produce en los colegas de profesión el que un autor se publicite gracias a un suceso que él no ha propiciado; y el hecho de que casi nadie resalte la injusticia de dicho suceso como primer y único aspecto éticamente determinante del tema. Que el autor saque o no provecho promocional a costa de una desgracia propia causada por manos ajenas, debería ser una cuestión baladí.

Al menos, mientras no se plantee el muchísimo mayor provecho promocional, casi nunca cuestionado por la prensa, que acaparan ciertas figuras culturales (?) y multimillonarias con sus donaciones benéficas, sus nombramientos como embajadores de Naciones Unidas y sus fotos con negritos necesitados del Tercer Mundo.
Eso sí que es provecho promocional a costa de la desgracia… ajena.


2- Perspectiva literaria
Esa rabia aludida por mí poco antes, esa especie de envidia malsana que siempre despierta en el gremio literario y periodístico el destaque de un autor por motivos de marginación o censura probadas, suele provocar también un desmesurado y cruento ataque masivo contra las calidades literarias del propio autor: el mismo texto que en muchas ocasiones se ganaría el beneplácito de los cuatro modestos columnistas que se dignan reseñar libros de ámbito minoritario, se merece de repente el descuartizamiento más despiadado por parte de muchos más columnistas que jamás habían dicho ni pío al respecto. ¿Qué ha hecho ese mismo texto para merecer tales diferentes reacciones, separadas quizá tan sólo por un día de noticias? Probablemente, cometer el “pecado” de destacar por razones extra literarias. O, simplemente, ponerse de moda. Ser el centro de la atención. Pues bien: si tanta inquina provoca el pecado del éxito, los detentadores de tal animadversión deberían hacer lo mismo que yo hago desde que soy periodista profesional cuando no quiero otorgar publicidad gratuita a una obra o autor que detesto: no hablo ni escribo públicamente sobre ellos. Y santas pascuas.

Pero basta de zarandajas y vayamos al meollo. ¿Qué es “Para tenerlos bajo llave”?

Para mí, la mayor virtud de este libro de cuentos de terror radica precisamente en su propia definición: que se trata de un libro de cuentos de terror. Hoy es tan difícil hallar un volumen digno de tal nombre que no deja de ser reconfortante comprobar la decisión con la que Carrillo se ha lanzado a cumplir las expectativas del género.

Bajo una deliciosa fotografía de portada, de exquisitas idea y factura (obra de Cynthia Zegarra Pavlatos: una rubia de senos aniñados nos mira, los ojos rojos de demoníaca lubricidad, mientras asoma en su boca una llave discreta, digna de pene japonés), se agazapan once relatos de horror, en su acepción más clásica: cultos demoníacos, retratos que toman vida, sexo contranatura y drogas como parte indisociable de crímenes abominables, psicopatías y patologías paidofílicas.
Antes que de Baudelaire, del Marqués de Sade o del pobre Nabokov (los ennoblecidos referentes que siempre salen a la luz cuando se arma una gorda en el circo mediático y que, ventajas de estar muerto y ser extranjero, siempre salen ganando en los agravios comparativos), yo veo en la literatura de Carlos Carrillo la influencia de Poe, de las películas de la Hammer y de los cómics de la EC. Más de un cuento, especialmente el casi anglosajón “El coleccionista”, podría formar parte de una serie de terror televisiva como “Night Gallery”, con un canceroso Ron Serling bocinando el terror que nos aguarda to be continued: la prueba está en que hoy el libro en cuestión se vende con un DVD recogiendo varias adaptaciones de los relatos a cortometrajes.

Esta influencia de la “baja” cultura, influencia que en cualquiera de los enemigos de Carrillo (porque, no hay duda, Carrillo ya tiene enemigos: nada como la notoriedad para crearlos) sería un argumento para defenestrar su obra, a mí me parece en sentido estricto su elemento redentor: Carrillo ignora olímpicamente los vericuetos del terror contemporáneo, desprecia de un plumazo los efectos de la “nueva carne”, pasa de Cronenberg o Clive Barker o ¡hasta Stephen King! y salta, como Latinoamérica ha saltado del autoritarismo populista a la democracia populista sin la vaselina de la Ilustración, desde Lord Dunsany y Clemente Palma hasta nuestros días, desempolvando los pentagramas, los cánticos de brujas y las orgías (vaya, la librera tenía razón) satánicas, y el tradicional concepto romántico en torno al horror non plus ultra.

Lo que más aprecio en Carlos Carrillo, y lo aprecio muchísimo, es su determinación a ser un escritor que toma el medio literario como medio: no, no se trata de una perogrullada. Al contrario que el cómic o incluso (gracias a Dios… o a Lucifer) el cine en su vertiente industrial, la literatura vive un proceso de aislamiento de la realidad del ciudadano, donde los embebidos escritores están tan desconectados de la cultura popular y lo que realmente arrastra a las masas –y éste es un fenómeno paralelo en Europa y América- que conciben la literatura como un fin en sí mismo. Ya hay pocos escritores que escriban con el objetivo de contar algo. Contrariando a la mayoría de nuestros colegas más recientes, Carrillo se niega a sumarse a esa categoría de escritor enamorado de su escritura: para él, la literatura es un medio, no un fin. Un medio, principalmente, de provocar miedo, terror, asco y excitación a su pesar en el lector o lectora.

Me importa dos rábanos que lo que escribe Carlos sea alta o baja literatura. De hecho, me gusta ese revestimiento de literatura “barata” que envuelve “Para tenerlos bajo llave”. Me gusta esa apariencia de libro prohibido, esa alusión explícita a los tópicos del terror popular, ese aire de exabrupto adolescente que exhala cada página, esa impresión vívida de estar leyendo una antología de cuentos tremendistas, de los de toda la vida, escritos por funcionarios con pseudónimo. Esa aura clandestina no tiene precio.

En cuanto a los cuentos en sí, destacaría la sencillez poético-sádica de “Cristales rojos”; el marasmo de villanía psicodélica, muy gozoso y consecuente, de “Euforia permanente”; y los encomiables intentos por resucitar la literatura gótica tradicional: “La Gorgona en el lienzo” y “Legado de los Carpatos”.

Personalmente, el relato que más me ha sorprendido y agradado es el más aparentemente polémico y, por tanto, el recibido con peor predisposición: “Si a trece le quitas cuatro tienes nueve”. Esta incursión casi gráfica y nada terrorífica en la aventura sexual entre un (nunca mejor dicho) vivalavirgen veinteañero y la hermana pequeña de su amante ocasional, una dulce pero osada niña de nueve años, me parece sobresaliente por su candidez: al contrario de lo que podía esperar, el cuento, pese a su talante pornográfico, no hace hincapié en la explotación de lo supuestamente malsano, enfermizo, abusivo, denigrante o escandaloso que se esperaría en una crónica de la relación íntegramente física entre un adulto y una cría. Antes al contrario: la niña protagonista presenta tales resolución y sabiduría innata en su actitud erótica, que más bien el cuento resalta por su vitalidad cómplice y buena vibración. Otros relatos del mismo volumen describen relaciones sexuales entre adultos mucho más agresivas, aberrantes y desagradables.

Es éste pues un cuento de tono simpático y levemente humorístico, afortunadamente poco “satánico”, y donde uno no identifica a la niña protagonista con una niña real. Eso puede resultar peligroso, afirmarán los guardianes de la moral social, siempre dispuestos a denunciar cualquier conducta nociva, incluso aunque esas conductas nocivas las lleven a cabo personajes de ficción.

Ante tal aserto, yo sólo podría alegar que me siento doblemente afortunado: ni me gustan las niñas ni me considero un guardián de la moral.

Por eso tampoco tengo este libro bajo llave.

Leopoldo María Panero, el último poeta maldito



(Aquí un vídeo con letra del maestro y música de Carlos Ann y otros)

JOSÉ LUIS CAMPAL FERNÁNDEZ/MIEMBRO DEL REAL INSTITUTO DE ESTUDIOS ASTURIANOS (RIDEA)

En el anodino panorama actual de la poesía española despunta con claridad el nombre de Leopoldo María Panero (1948), cuya obra es una de las más originales y contundentes de la poesía española del último cuarto de siglo; ésta apunta a la exposición desnuda de las miserias del subconsciente y a la función examinadora del ejercicio literario al margen de modas inocuas. Desde que publicara en 1968 su primera plaquette y fuera incluido en 1970 por el crítico José María Castellet en la celebrada antología 'Nueve novísimos poetas españoles', la proyección estética de LMP, radical y heterodoxo autor, no ha cesado de expanderse, elaborando, en unas condiciones personales más que comprometidas por sus particulares demonios interiores, un edificio de notable solidez formal y conceptual, en el que LMP va levantando acta, libro tras libro, de su autodestructiva ruina, acumulando obsesiones metaliterarias y de todo orden que le conducen al fin último de su actividad creadora: la enunciación del vacío y la glorificación última de la soledad y la nada desde un territorio que el poeta entiende que se halla más allá de la vida y la razón.

La indispensable poesía de LMP es la expresión máxima de un delirio alucinatorio llevado a extremos impensables para ser un fingimiento o un simple ejercicio de funambulismo lírico. Hoy por hoy, puede considerarse a LMP uno de los escasos poetas que posee un discurso arrollador, un estilo deslumbrante y una voz autorreferencial auténtica. Sin embargo, como afirma el profesor Túa Blesa, su obra «no ha merecido ni un solo premio en una sociedad que se diría es la sociedad de los premios y los halagos, aunque sí que obtiene una y otra vez el reconocimiento de la lectura».

La tormentosa biografía de LMP lo convirtió, cuando inició sus publicaciones, en paradigma de lo que más repudiaba: la controvertida sociedad tardofranquista, que lo encasilló como ciudadano anómalo, primero, y como bufón aniquilado por su propia historia más tarde, ya que reunió en sí mismo una serie de 'cualidades' nada ponderables para los años pretransicionales: drogadicto, bisexual, alcohólico, comunista trotskista, preso, suicida reincidente y, finalmente, inquilino constante, desde su temprana juventud, de psiquiátricos, donde ha pasado las dos terceras partes de su vida, entregado a una escritura absorbente y autocontemplativa.

La producción poética de LMP abarca una gran cantidad de títulos: 'Teoría, Narciso en el acorde último de las flautas', 'Last river together', 'Dióscuros', 'Contra España y otros poemas no de amor', 'Piedra negra o del temblar', 'Guarida de un animal que no existe', 'Águila contra el hombre', etcétera. En su bibliografía se da, asimismo, un caso no muy frecuente si atendemos, por un lado, a la patología clínica que sufre el escritor, y, por otro lado, a una labor tan individualista como la poesía, y son los libros escritos en colaboración con otros poetas, libros que no son circunstanciales ni piezas menores en el puzle general de su producción.

Los asuntos que LMP toca, primaria o secundariamente, en sus textos resultan de una recurrencia sobrecogedora, y todos están marcados por la percepción hipersubjetiva que del mundo tiene su autor, por lo que puede decirse que el suyo es el último ejemplo de un visceral romanticismo 'fin du siècle', pues no recurre, ni lo necesita, a vidas ajenas a la suya para brindarnos su mirada pesadillesca y metafórica sobre la esencia de una existencia, o no-existencia, que él mismo califica en sus versos de antimodélica.

El yo poético e irracional de LMP busca, en no pocos momentos, su desdoblamiento. Esta huida de la identidad reconocible es virtualmente una huida del mundo aceptado para configurar un no-mundo paranoide que tiene, probablemente, su origen en el malditismo de Antonin Artaud, al que LMP sigue y considera «el máximo negador de la identidad», y del que en 2003 se creía nada menos que «su reencarnación». Para lograr esta dualidad psicológica, nuestro autor emplea la intertextualidad y en otras ocasiones acude al juego especular de la transtextualidad o a la suplantación literaria de personajes históricos como François Villon o Ezra Pound.

La obra paneriana da la impresión de estar empapada o condicionada por vivencias traumáticas u obsesivas, que se formalizan en la arquitectura poemática en la elección de sus visiones simbólicas. En sus textos, LMP habla incesantemente, tomándose a sí mismo como ejemplo, de la ruina psíquica, de la muerte como espacio posible para revivir, de Dios y de la familia en su vertiente más escabrosa, y en la que consigue interesantes tratamientos de la figura paterna y materna. A Leopoldo Panero padre le dedica una terrible epístola o ajuste de cuentas en la que padre e hijo son amancebados por la muerte, reuniéndolos en la misma tumba, donde se congracian, en espacio tan tétrico y dimensión tan devastadora, sus antitéticas estéticas. La autobiográfica poesía paneriana nos habla con descarnada verticalidad de la infinita soledad moral del individuo a la deriva, e incluso de vías prohibidas como el satanismo, los vicios nefandos y el asesinato, lo que le sitúa en el desfiladero del malditismo. Todo ello conduce, en última instancia, al enaltecimiento del pecado y la tortura que al poeta le supone, aparentemente, el acto de vivir, que en LMP únicamente parece resultar soportable sólo gracias a que se exorciza por medio de la escritura, uno de los temas dominantes en su obra.

El sujeto poético que habla en sus poemas desprecia la realidad inmediata, tangible, y con ello todo lo que ésta lleva aparejado, lo que le empuja en sus libros de los años 70 a desfigurar el lenguaje, introducir sintagmas y poemas enteros escritos en otras lenguas, insertar voces del argot del lumpen y crear códigos de comprensión y relación demasiado crípticos, propuestas asociativas ante las que el lector se siente desarmado.

Al lado de la muerte como meta buscada y generadora de una no-existencia apetecida, la poesía paneriana incide en su contrario, la vida, canalizada en la vertiente amorosa de la experiencia sentimental, aunque la luz que se arroja sobre ella no deja de ser una lumbre tenebrosa. Lo amoroso es abordado en su poesía desde un ángulo desmitificador, cuando no cuestionador, en el que constantemente se subraya el concepto destructivo del amor como manifestación intensificada de los roles sociales. Por eso se dan cita en sus composiciones las variantes desviadas y humilladoras de la experiencia amorosa como el incesto, el sadismo, la coprofilia y la coprofagia, la necrofilia, el canibalismo o el masoquismo, elección degenerativa en la que prevalece la transgresión extremosa de la normalidad.

lunes, 24 de marzo de 2008

RECUERDA: "KNOW YOUR ENEMY" DE R. A. T. M.

El P.E.N Club del Perú a la Opinión Pública




Los escritores y escritoras abajo firmantes, miembros del P.E.N Club del Perú y del P.E.N Internacional, expresamos a la Opinión Pública nuestra honda preocupación por la detención y encarcelamiento injustificados de la poeta Melissa Patiño Hinostroza, y por la amenaza a los intelectuales y artistas que han denunciado públicamente este atentado contra la libertad de pensamiento, la libertad de expresión y la libertad de escribir.

Melissa Patiño ha reiterado a los pocos medios informativos que lograron entrevistarla su independencia respecto de cualquier organización que no respete los principios democráticos que rigen en el Perú.

Sin contar con ninguna evidencia, las autoridades del gobierno del doctor Alan García Pérez han justificado la detención de una poeta de veinte años de edad arguyendo que forma parte de una conjura contra el orden constitucional.

Invocamos al presidente de la República, doctor Alan García Pérez, y del ministro del Interior, doctor Luis Alva Castro, para que, haciendo uso de sus altas investiduras, dispongan la excarcelación inmediata de Melissa Patiño Hinostroza.

También invocamos cesar cualquier tipo de acoso o persecución contra intelectuales y artistas, como la inusual batida policial realizada en el Jirón Quilca del Centro de Lima el viernes 14 de marzo del año en curso, centro de reunión de otros poetas, artistas e intelectuales a quienes se les decomisó por varios minutos el Documento Nacional de Identidad (DNI), supuestamente sólo para "identificarlos".

Esta grave situación ya ha sido puesta en conocimiento de la Oficina Central del P.E.N Club Internacional y sus centros distribuidos en 95 países del orbe. Recordamos que el P.E.N. es una institución con 87 años de existencia, durante los cuales ha luchado contra la censura y defendiendo los derechos de los escritores que son víctimas de torturas, encarcelamientos o asesinatos, de todo tipo de gobierno. El P.E.N es una entidad plural y no tiene vinculación partidista alguna. Ha sido clasificada con status A, por la UNESCO, y también mantiene la categoría de ente consultivo de Naciones Unidas (ONU). Su participación está abierta a todos los escritores, sin distinción de clase, ideología, religión, nacionalidad, color de piel o género.

Muy atentamente,

Tulio Mora,
Óscar Málaga
Teófilo Gutiérrez
Marita Troiano
Fernando Obregón
Rosina Valcárcel
Alejandro Sánchez Aizcorbe

martes, 18 de marzo de 2008

"UN POCO DE AIRE EN UNA BOCA IMPURA" DE RICARDO AYLLÓN




Este martes 25 de marzo se presenta en la Alianza Francesa de Miraflores el libro de poemas "Un poco de aire en una boca impura" de Ricardo Ayllón, quien es uno de los poetas más representativos surgidos durante la década del noventa.

El más reciente poemario de Ayllón viene cargado de resonancias simbolistas y hace gala de una exuberancia de lenguaje neobarroca. Su autor había publicado en 1996 Almacén de invierno, y en 2001, A la sombra de todos los espejos. Ricardo Ayllón, quien es también periodista, cumple una encomiable labor editorial en la región ancashina.

"Un poco de aire en una boca impura" será presentado por los críticos y escritores Johnny Barbieri y Willy del Pozo. Por la Alianza Francesa oficia de anfitrión Julio Heredia, quien ha escrito también un texto de apertura para el nuevo poemario.

La cita es pues este martes 25 de marzo a las 7.30 p.m. en la Sala Lumieres de la Av. Arequipa 4595, Miraflores.

Están todos invitados. Entrada libre.



ALIANZA FRANCESA DE MIRAFLORES

lunes, 17 de marzo de 2008

Protesta en Alemania por Detención de Melissa Patiño‏




Berlín 16 de marzo

Llamamiento en Alemán

Protestas de peruanos y organizaciones latinoamericanas y alemanas por la detensión de 7 peruanos, entre ellos la poeta Melisas Patiño, por la policía peruana. Los detenidos pariciparon en un Congreso Internacional de Quito llevado del 23 - 27 de febrero y al cruzar la frontera peruana fueron detenidos por órdenes del Ministro del Interior del Perú. Este mensaje hace un llamado a diferentes organizaciones de Europa a la solidaridad y en contra de la violación de los derechos humanos por el gobierno del presidente Alan García. Se va a organizar una acción el día 18 de marzo en Berlín.

Atte,

José Pablo Quevedo
Pres. de la Casa del Poeta Peruano en Alemania


(urgente, alcanzar a otros por E-mail)




Guten tag liebe compañeras und compañeros,

Können Sie bitte unsere Aufruf publiziert und bitte weiterleiten.
Vielen dank für Ihre Aufmerksamkeit.

Koordinierungsorganisation an das Bewusstsein
der Völker Europas, damit wir gemeinsam, politische und soziale
Organisationen, Persönlichkeiten, Menschenrechtsorgane, demokratische
Instanzen und Gesellschaften, Freiheit für die Aktivisten des sozialen
Kampfes, die sich in den Kerkern Limas befinden.

In den letzten Wochen wurden auch die Genossen und Genossinnen der
Gruppe Peru der CCB willkürlich verhaftet, als sie nach der Teilnahme
an unserm II. Kongress und am Internationalen Seminar über die
Aktualität des Denkens von Bolívar und der Vorkämpfer unseres Amerika
in Quito, vom 23.-27. Februar dieses Jahres, in ihr Land zurückkehrten.

Roque González la Rosa, Damaris Velasco Huiza, Melissa Petiño,
Guadalupe Hilario, Armita Valladares, María Gabriel Segura y Carmen
Asparren befinden sich im Gefängnis und werden des "Terrorismus"
beschuldigt, allein weil sie an den genannten Veranstaltungen
teilgenommen haben.



Das wütende Vorgehen des Imperiums und der ihm hörigen Regime Alan García zeugt von ihrer großen Furcht vor dem bolivarischen Erbe des
Antiimperialismus und der Einheit im Kampf der Völker, die heute so
dringend sind für das allgemeine Wohlergehen und sich in gemeinsamen
Plattformen und koordinierten Aktionen in aller Welt zu konkretisieren
beginnen, wie die kürzliche weltweite Mobilisierung für die Opfer des
Staatsterrorismus und für den humanitären Austausch.

Wir rufen alle Teilnehmer dieser Kampagne auf zu koordinierten
Aktionen für die Freiheit der Gefangenen des Imperiums, für die
Freiheit dieser Männer und Frauen, die verleumdet und verunglimpft
werden, einfach weil sie das Wohlergehen für ihre Völker anstreben
oder anders denken.


Wir rufen dazu auf, in solidarischer Weise von den Regierungen Europas
zu fordern, dass sie den Krieg gegen das Volk in Kolumbien nicht
finanzieren und sich gegen die systematische Verletzung der
Menschenrechte in Kolumbien aussprechen, wo Folter, Verschwindenlassen
und Verstümmelung tägliche Praxis sind, die einzig durch den Staat und
seine finsteren Kräfte ausgeübt werden.

"Einheit, Einheit, Einheit sei unsere Devise!" - Simón Bolívar

In Bolívar und den Vorkämpfern unseres Amerika und der Welt begegnen
wir uns alle! Immer bis zum Sieg!


Aufruf der Kontinentalen Bolivarischen Koordinierungsorganisation -
CCB anlässlich des Internationalen Tages der Politischen Gefangenen am
18. März 2008 in Berlin und ganz Deutschland

Kundgebung und Treffen in Berlin und Deutschland am 18. März 2008

(Foto: desquiciado y esquizofrénico Alan García)

sábado, 15 de marzo de 2008

CACERÍA DE BRUJAS EN EL Jr. QUILCA



El día de ayer viernes 14 de marzo, decenas de policías y un grupo de boinas rojas irrumpieron en el jirón Quilca, buscando a poetas y artistas a los que requisaron DNIs con el fin de identificar a "alguien" en especial. Según informan varios poetas los documentos fueron devueltos luego de que fueron refrendados y empadronados en una lista que los policías tienen en su poder. Según me escriben otros parroquianos, hay varios artistas que estarían siendo buscados intensamente por solidarizarse con Melissa Patiño.


Ésta es la política del oligofrénico detectiloco Alva Castro, al parecer la "cacería de brujas" ha comenzado. Estemos alerta.

viernes, 14 de marzo de 2008

MELISSA PATIÑO: S. O. S.

Último minuto: según nos informa Giancarlo Huapaya, Melissa Patiño estaría siendo trasladada a la prisión "Santa Mónica", en razón de que el juez ha establecido iniciar proceso por orden expresa y presión de Alan García. Estamos atentos. Mientras tanto aquí un poema de Salomón Valderrama




Musa de hierba


Hacía una incompleta cutícula
En el mar de las bisagras…
Desnóchate en claridad… Poesía.

Hacia Melissa Patiño Hinostroza


Marmanta al mar desaparece aporía
Honor de piel escarapelada
Dulce techo del infierno cuando crece…
-Temes que te tenga piedra del goce-

Incivilidad, arrebato de alegría
-Te comería aun si no fueras mía-
Masticante de poesía
Me pica toda la Vida: la Ultrapoesía…

Mélfica explosión me das asco y divinidad
Magia de mujerr como poema evital
Nacimiento o asesinato o falsedad
Dónde está la poesía de Hospital…

Oporfía: Caminante amoral: Poesía
Opiosía: Lucía desnudez de opresía
Morir… Niña velocidad: Poesía: Rásgame el cliterión
Canción de Malcolm X…

Poesía: Hásgame mancha serena del árbol de los tiempos
Malditos tiempos…
De las alturas peritales… futilidades…
¿Hasta cuándo se(g)mental virginidad!


*Este poema fue escrito en el 2006.
-http://luzdelimbo.blogspot.com/2006/10/musa-de-hierba-melissa-patio-mucho.html
http://musicadelfuturofrio.blogspot.com/2008/03/hacia-melissa-patio-hinostroza.html


Un abrazo y fuerza y poesía,

Salomón Valderrama

(en la foto: Armando Alzamora, Enrique Verástegui, Florentino Díaz y Melissa Patiño)

Robótica escolar y educación tecnológica‏

La continuidad del poder en Estados Unidos, detrás de la Casa Blanca

Cómo se mantiene «El Estado profundo» a pesar de la alternancia política partidista

Thierry Meyssan

Red Voltaire



Sesenta años de propaganda atlantista nos han convencido de que Estados Unidos es una gran democracia. Sin embargo, ningún observador cree que Ronald Reagan o George W. Bush ejercieron realmente el poder inherente al cargo presidencial. Entonces ¿quién preside? Los observadores también están de acuerdo en que, después del segundo recuento de los votos, Al Gore había ganado la elección presidencial del 2000. Entonces, ¿por qué se encuentra George W. Bush en la Casa Blanca? Preguntas a las que ningún periodista quiere responder. Thierry Meyssan rompe con el tabú.

Durante los últimos 60 años, Estados Unidos se dotó de lo que se ha dado en llamar «aparato securitario de Estado». Este se conformó como un Estado detrás del Estado, encargado de dirigir desde la sombra la guerra fría contra la URSS y, más, tarde de ocupar el espacio que dejara vacante el desmantelamiento de la Unión Soviética y de dirigir la guerra contra el terrorismo. Dispone de un gobierno militar fantasma designado para reemplazar el gobierno civil, en caso de que este último quedase decapitado durante un ataque nuclear.

En su célebre discurso de adiós, el 17 de enero de 1961, el presidente Eisenhower declaró: «En los consejos de gobierno, tenemos que tener cuidado con la adquisición de una influencia ilegítima, deseada o no, por parte del complejo militaro-industrial. Existe el riesgo de un desastroso desarrollo de un poder usurpado y [ese riesgo] se mantendrá. No debemos permitir nunca que el peso de esta conjunción ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democráticos».

Este aviso resultó sin embargo insuficiente. La lógica del «aparato securitario de Estado» ahogó poco a poco la de las instituciones que ese mismo aparato debía proteger. El complejo militaro-industrial utilizó su poder para modificar las instituciones civiles según su propia conveniencia, en vez de ponerse al servicio de estas. En definitiva, el lobby de la guerra falseó el proceso electoral y logró decidir, en cada elección presidencial, quién sería el ocupante de la Casa Blanca.

Desde hace 60 años, sin excepción alguna, el presidente es siempre el candidato que se compromete a concretar las exigencias del «aparato securitario de Estado» y que obtiene el apoyo financiero masivo de las firmas que tienen contratos con el Pentágono. Claro está, después tomar posesión de la Oficina Oval, el elegido trata siempre de deshacerse de sus padrinos y de acercarse a los verdaderos intereses de su pueblo. Tendrá entonces que ser capaz de darse cuenta del margen de maniobra del que dispone, con la posibilidad de que lo eliminen, política o incluso físicamente. Finalmente, el riesgo de que un presidente que se aparte del «Estado profundo» logre a pesar de ello mantenerse en el poder estará siempre limitado por la regla, impuesta durante la misma época, que limita el ejercicio de la función presidencial a dos mandatos consecutivos.

En esas condiciones –como veremos más adelante– la alternancia entre demócratas y republicanos no proporciona a los ciudadanos estadounidenses un medio de cambiar la política, sino que constituye para el «aparato securitario de Estado» la posibilidad de mantener la misma política más allá de la impopularidad del presidente ya “desgastado”. Se trata de la aplicación del principio que Giuseppe Tomasi di Lampedusa atribuye al Gatopardo: «Todo tiene que cambiar, para que nada cambie y para que podamos seguir siendo los amos».

A veces el «Estado profundo» sale a la superficie y deja entrever su poderío. Eso sucede ocasionalmente durante el período de transición presidencial. Se produce entonces un semivacío del poder, durante la fase en que el presidente saliente sigue a cargo de los asuntos pendientes, mientras que el presidente electo se prepara para asumir el mando.

En el siglo XVIII, se explicaba que ese período de transición de 11 semanas era el tiempo necesario para hacer un balance de los resultados y conformar un equipo, debido al gran tamaño del país y la lentitud de las comunicaciones. La primera transición se desarrolló en 1797, cuando John Adams fue electo como sucesor de George Washington. Durante siglo y medio, no existió ningún tipo de procedimiento para regular ese período ya que los dos presidentes (el presidente saliente y el que lo reemplaza) no tenían ninguna razón que los obligara a colaborar entre sí. Hoy en día la cosa es muy distinta ya que el «aparato securitario de Estado» aprovecha ese período para poner al nuevo ocupante de la Casa Blanca al corriente de lo que debe saber sobre «Estado profundo». Para comprender el sistema, volvamos a la historia de esas transiciones.

La guerra fría mantiene la democracia entre paréntesis
Harry Truman (presidente de Estados Unidos desde 1945 hasta 1953) modificó profundamente la naturaleza del Estado federal al crear en su seno el «aparato securitario de Estado», un tríptico conformado con el Consejo de Jefes de Estado Mayor (JCS), la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Consejo de Seguridad Nacional (NSC). Estos organismos, que nada tienen de transparentes, disponen de poderes exorbitantes, solamente comparables a los establecidos para tiempos de guerra. Y es que su misión consiste precisamente en mantener el estado de movilización de la Segunda Guerra Mundial, sin mantener por ello a la sociedad civil bajo presión, como medio de librar una nueva forma de guerra contra la Unión Soviética: la guerra fría.

Para «contener» la influencia soviética, Truman organizó el puente aéreo hacia Berlín, estableció la alianza atlántica (OTAN) y declaró la guerra de Corea. Extendió además el «Estado profundo» estadounidense al interior mismo de los Estados aliados, mediante la creación de las redes stay-behind y la integración de las mismas al seno de la CIA [1].

El «aparato securitario de Estado» consideraba que el mejor sucesor de Truman sería el general Dwight Eisenhower, que había sido comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa durante la Segunda Guerra Mundial y había ocupado posteriormente ese mismo cargo en el seno de la OTAN. Era el hombre idóneo para continuar la guerra de Corea hasta la victoria. La opinión pública lo adulaba y lo consideraba un héroe, aunque nunca había combatido personalmente, ni siquiera había estado cerca de la línea del frente.
Como Eisenhower no era un político, ni tenía vínculos con ninguna organización política, los dos partidos trataron de atraerlo. Truman le pedió, en vano, que se uniera a los demócratas. Finalmente, Eisenhower se decidió por la candidatura republicana. Con ese partido llegó a un acuerdo que estipulaba que gozaría como presidente de libertad de acción para aplicar una política exterior antisoviética y emplearse «a fondo» en Corea, hasta la victoria. En pago, Eisenhower se comprometía a aplicar una política interna y económica de corte conservador. Escogió como compañero de candidatura al senador Richard Nixon (cuya hija se casaría en poco tiempo con el nieto de Eisenhower), que se había dado a conocer como uno de los promotores de las «cacerías de brujas» contra los comunistas.

Al resultar electo Dwight Eisenhower, Truman se puso en contacto con él para presentarle el dispositivo de seguridad nacional dado que, aunque la existencia del mismo era pública, su funcionamiento era secreto.

Eisenhower elaboró la doctrina de defensa que lleva su nombre, en virtud de la cual Estados Unidos no vacilará en utilizar la fuerza, en cualquier lugar del mundo, donde la influencia comunista amenace los intereses occidentales. Agregó además, al sistema de seguridad nacional, el principio de continuidad del gobierno. Designó, mediante un decreto secreto, un gobierno alternativo compuesto simultáneamente de militares y de industriales escogidos entre sus propios amigos, que se encargaría de tomar el mando en caso de que las instituciones desapareciesen como consecuencia de un ataque nuclear soviético.

O sea, paralelamente al procedimiento constitucional en lo tocante al vacío del poder, existe desde hace 50 años un segundo procedimiento –de carácter militaro-industrial– que puede ponerse en marcha en caso de hecatombe nuclear. En el primer caso, el vicepresidente reemplaza al presidente, de ser necesario lo reemplaza el presidente pro tempore del Senado, o el presidente de la Cámara de Representantes. En el segundo caso, los políticos electos por el pueblo se ven excluidos por un gobierno fantasmo –cuya composición es, además, secreta– que sale bruscamente de las penumbras, aunque no dispone de legitimidad electoral alguna.

Sin embargo, el «aparato securitario de Estado» le reprochó a Eisenhower no haber hecho lo suficiente, sobre todo en materia de misiles, y se negó a apoyar al vicepresidente Nixon como su sucesor. Inquieto por las consecuencias que el creciente poder del complejo militaro-industrial podía tener para la democracia, Eisenhower lanzó un aviso a sus conciudadanos en su discurso de adiós, que ya citamos anteriormente. El lobby de la guerra volvió entonces su mirada hacia el partido demócrata.

Fue de esa manera cómo John F. Kennedy obtuvo el apoyo de los industriales del armamento. Para congraciarse con ellos centró su campaña electoral en la denuncia de una supuesta ventaja de los soviéticos en materia de misiles y en la necesidad de eliminar ese abismo («missile gap»). Además, designó como su compañero de fórmula al belicoso líder del grupo parlamentario demócrata, Lyndon Johnson. Directamente vinculado al complejo militaro-industrial, durante su campaña electoral tomó la iniciativa de crear grupos de trabajo para hacer un balance de la situación y preparar sus primeras decisiones en caso de resultar electo.

Kennedy puso a la cabeza de los dos grupos de trabajo más importantes a quienes habían sido sus dos principales rivales por la investidura demócrata, neutralizando así el rencor de ambos al tiempo que explotaba sus habilidades. Creó hasta 29 grupos temáticos, cuyos miembros eran todos voluntarios no remunerados. Después de su elección, Kennedy designó al abogado Clark Clifford para coordinar el traspaso de poderes con Eisenhower, y luego nombró por lo menos a un miembro de cada grupo de trabajo para formar parte de su gabinete. No fue por sus cualidades como abogado y negociador que la elección recayó sobre Clifford sino por tratarse de un halcón, que además era un representante del «Estado profundo». Clifford había participado junto a Truman en la creación del «aparato securitario de Estado» y Eisenhower lo había nombrado ministro fantasma en el seno del gobierno militar de repuesto.

Más tarde, Kennedy impuso la Presidential Transition Act para que los siguientes presidentes pudieran seguir sus pasos teniendo a su disposición un financiamiento federal con el que pagar a los miembros de sus grupos de trabajo.

Kennedy desafió a la URSS ante el muro de Berlín, desplegó misiles en Turquía y logró disuadir a los soviéticos de instalar los suyos en Cuba como respuesta. También emprendió los grandes programas espaciales. Pero no tardó en revisar sus compromisos con intenciones de reducirlos. Es verdad que autorizó la invasión contra Cuba, pero rectificó después del fiasco de Bahía de Cochinos. También es cierto que metió las manos en Vietnam, pero rápidamente empezó a tratar de buscar cómo preparar la retirada.
Apoyándose en la legitimidad que le otorgaba un amplio apoyo popular, entró en conflicto con su estado mayor y ordenó investigaciones sobre las actividades políticas de varios generales. En definitiva, acabó siendo asesinado para favorecer a su vicepresidente, Lyndon B. Johnson –cuya ceremonia de toma de juramento había sido preparada justo antes de que Kennedy fuese abatido–, quien aprobó sin demora la escalada de Vietnam y nombró además a Clifford Clark como ministro de Defensa para realizar esa sucia tarea.

La impopularidad de Johnson hacía imposible su reelección, así que este renunció a tratar de obtener la candidatura. Como el partido demócrata estaba en manos de pacifistas que se oponían a los horrores de la guerra de Vietnam, los halcones necesitaban un cambio de partido para mantenerse en el poder y continuar su propia política. Eligieron, con toda lógica, al ex vicepresidente Richard Nixon, un oportunista que ya conocía todos sus secretos.
Cuando los dos candidatos más importantes ya habían recibido la investidura de sus respectivos partidos, Johnson se reunió con ellos para ponerse de acuerdo sobre los detalles de la transición. Se trata solamente de un espectáculo puramente formal, pero que permitió que el demócrata Johnson se pusiera en contacto con el candidato republicano antes de que este fuera electo.

Aprovechando la existencia de la Presidential Transition Act, el republicano Nixon siguió los pasos del demócrata Kennedy creando así 30 grupos de trabajo para definir su futura política en estrecho contacto con el «Estado profundo».

Nixon aplicó una política de distensión hacia la URSS y negoció los acuerdos de limitación de la carrera armamentista respetando los intereses del complejo militaro-industrial, o sea suprimiendo ciertas armas para favorecer las más sofisticadas. Por iniciativa de su consejero Henry Kissinger, estableció una sorprendente alianza con la China comunista para aislar a Moscú. Sin embargo, renunció a tratar de vencer en Vietnam, cosa que el «aparato securitario de Estado» le hizo pagar muy caro al organizar contra él un proceso de destitución como consecuencia del escándalo del Watergate. Durante meses, el número 2 del FBI, Mark Felt (alias «Deep Throat»), destiló personalmente informaciones devastadoras al Washington Post.

Acorralado, Nixon preparó en secreto su renuncia y sólo le avisó a Gerald Ford con un día de antelación. Ambos hicieron un trato: Ford ocuparía la Oficina Oval a cambio del perdón para Nixon y de la suspensión de toda acción judicial contra este último. Ford aceptó. Previendo aquella posibilidad, Ford ya había conformado un pequeño equipo de trabajo, pero este fue disuelto inmediatamente. Un miembro importante del «aparato securitario de Estado», el embajador de Estados Unidos ante la OTAN, Donald Rumsfeld (adversario de Kissinger), fue llamado urgentemente a Washington para que se encargara de la transición.
Rumsfeld ayudó a conformar el nuevo equipo –una combinación de ex colaboradores de Nixon y de caras nuevas. El asunto era más complicado de lo que parecía ya que se trataba de penalizar la política que había llevado a la pérdida de Vietnam, representada por Kissinger, salvaguardando a la vez la influencia de la industria armamentista, también representada por el propio Kissinger (que había sido secretario general del American Security Council, la principal organización del complejo militaro-industrial en aquella época). Ford designó a Nelson Rockefeller como nuevo vicepresidente. Este último no sólo era el heredero de la más importante dinastía industrial del país. También había sido el jefe de operaciones secretas del «aparato securitario de Estado» durante la presidencia de Eisenhower.

Rápidamente, Ford se dio cuenta de que los ex colaboradores de Nixon arrastraban el peso de la imagen del Watergate y le pidió a Rumsfeld que terminara el trabajo. Rumsfeld se convirtió así en secretario general de la Casa Blanca. Echó a los últimos colaboradores de Nixon, con excepción del propio Kissinger, y puso a George H. Bush a la cabeza de la CIA. Con la ayuda de este último, Rumsfeld creó una comisión de evaluación de la amenaza soviética («el equipo B») que inmediatamente gritó que venía “el lobo” y reactivó la carrera armamentista.

La imagen de Ford era desastrosa. La opinión pública lo veía como un pícaro que había exonerado a Nixon para tomar su lugar en la presidencia, mientras que el «aparato securitario de Estado» quería borrar la humillante imagen de la caída de Saigón a la que se le asociaba (aunque aquello no era otra cosa que una consecuencia de la paz que quería Nixon). Ford no tenía la legitimidad necesaria para emprender iniciativas importantes. El «Estado profundo» necesitaba, por consiguiente, un nuevo presidente demócrata. Este sería Jimmy Carter, protegido de David Rockefeller (el hermano del vicepresidente Nelson Rockefeller), capaz de pasar la página de los crímenes anteriores y de mantener a la vez el rumbo ante la URSS.

Carter escogió como consejero de Seguridad Nacional a Zbignew Brzezinski [2], secretario general de la Comisión Trilateral, el think tank de los Rockefeller. Brzezinski había teorizado sobre una versión moderna del «containment» que se practicaba hacia la Unión Soviética, fortaleciendo así la doctrina del «aparato securitario de Estado».
Sobre esa base, disminuyó la presión militar en América del Sur (renegociación del control del Canal de Panamá y fin de las dictaduras militares) y la desplazó hacia el Asia Central (guerra de Afganistán contra los soviéticos). Fue en ese contexto que contrató a Osama Ben Laden y desarrolló el apoyo estadounidense a las organizaciones extremistas sunnitas anticomunistas.
Desgraciadamente, la credibilidad de Estados Unidos se resquebrajó con el asunto de los rehenes de la embajada de Teherán. Lo más importante fue que, luego de las revelaciones de las comisiones investigadoras parlamentarias, al bautista Carter se le ocurrió moralizar la CIA aprovechando la limpieza post-Watergate. Al verse así amenazado, el «aparato securitario de Estado» organizó una campaña mediática contra Carter, acusándolo de ser portador del «síndrome de Vietnam». Y luego, empezó a buscarle un sustituto republicano.

En definitiva, el «Estado profundo» organizó la fórmula Reagan-Bush (este último había sido director de la CIA). Por primera vez en la historia de Estados Unidos, el vicepresidente era el hombre fuerte, mientras que el presidente no era más que un actor de Hollywood en un papel de relleno [3].

Reagan y Bush nombraron un triunvirato para que organizara la transición: Ed Meese como encargado de preparar las nominaciones y el programa, el abogado William Casey se ocupaba de de las relaciones con el «aparato securitario de Estado», mientras que el brillante James Baker correteaba por todas partes. En realidad, Casey había sido el oficial que se ocupaba de Reagan cuando, en años anteriores, este último había sido en Hollywood [como Vito Corleone en el famoso film de Coppola. Nota del Traductor.] el Padrino –destacado en el seno de la farándula– del Comité Internacional de Refugiados (International Refugee Committee), una pantalla anticomunista de la CIA. Y, enseguida que se le presentó la oportunidad, Reagan nombró a Casey director de la agencia de espionaje.

Sobrevino inmediatamente el doloroso episodio del intento de asesinato contra Ronald Reagan, por parte de un amigo de los Bush. El atentado fracasó, pero Reagan entendió el mensaje y dejó todo lo que tenía que ver con la defensa totalmente en manos de su vicepresidente.

Fue durante ese período que se desarrolló el procedimiento de continuidad del gobierno. El gobierno militar de repuesto creado por Eisenhower no había sido, hasta entonces, otra cosa que una directiva. En aquel momento, se decide materializarlo. Se creó entonces un equipo permanente y se construyeron gigantescos búnkeres especialmente equipados para proteger a dicho equipo junto con los dirigentes sobrevivientes: Cheyenne Mountain, Raven Rock (llamado "site R") y Mount Weather.
Este equipo instaló un sistema de vigilancia sobre el gobierno civil para poder seguir en tiempo real todos los asuntos que tratara este último y estar así preparado para proseguir la acción gubernamental sin que se produjese ni un minuto de interrupción en caso de apocalipsis nuclear. Se organizaron ejercicios de simulación de continuidad gubernamental dos veces al año.

Con toda confianza, el «aparato securitario de Estado» apoyó al vicepresidente Bush como sucesor de Reagan. El encargado de servir de enlace entre el «Estado profundo» y el equipo de campaña fue un miembro del Consejo de Seguridad Nacional, el general Colin Powell.

En 1989-91, los «combatientes de la guerra fría» vieron como se derrumbaba la Unión Soviética, hecho que siempre habían deseado, pero que los dejaba desconcertados. El «aparato securitario de Estado» había cumplido su misión. Durante 45 años, hombres sinceros habían creído que estaban defendiendo a su país cuando manipulaban las instituciones a costa de la democracia. Como Dwight Eisenhower lo había previsto, algunos de ellos se habían acostumbrado tanto a aquel poder que ya no podían resignarse a perderlo. Aunque había perdido su razón de ser, el «Estado profundo» iba a mantenerse. Pero, ¿a qué precio?

A falta de enemigo, el «aparato securitario de Estado» entre en guerra consigo mismo
Le tocó a George H. Bush (Bush padre) la pesada tarea de definir los objetivos de Estados Unidos en el mundo postsoviético. No sin vacilaciones, Bush padre imaginó la construcción de un «nuevo orden mundial» favorable a una dominación económica global que ejercería Estados Unidos. Ordenó reducir el formato de las fuerzas armadas y estudió las posibilidades de reconversión del «aparato securitario de Estado» para luchar contra el surgimiento de nuevos competidores. Ante la duda existencial, el «Estado profundo» favoreció la alternancia partidista.
Los periodistas trotkistas que la CIA había reclutado en el pasado para luchar contra la influencia soviética en el seno de la izquierda se habían pasado al partido republicano, bajo la apelación de «neoconservadores». Se habían convertido en los propagandistas del lobby de la guerra. Como veletas que giran en el sentido del viento, se pusieron entre contra de Bush padre criticándolo por no haber aprovechado el fin de la URSS para derrocar a Sadam Husein al final de la operación Tormenta del Desierto, y llamando a votar por el único candidato capaz de desencadenar la próxima guerra en Yugoslavia: Bill Clinton.

Perfectamente conciente de la ocasión que se le presentaba, el gobernador Clinto hizo campaña basándose en el surgimiento de nuevas amenazas y en la necesidad de desempeñar el papel de gendarme en Yugoslavia. También propuso modernizar las fuerzas armadas adaptando la administración de estas a las evoluciones sociales, lo cual significaba entre otras cosas más apertura al reclutamiento de mujeres y gays. Bush padre, que era el presidente más popular de Estados Unidos en el siglo XX (¡90% de opiniones favorables!) subestimó la capacidad de los «combatientes de la guerra fría» para sacarlo de la Casa Blanca. Para privarlo del apoyo de una parte de sus electores, estos financiaron la candidatura independiente de Ross Perot, un millonario que había servido de cobertura para una operación de salvamento de las Fuerzas Especiales en Irán. Bush padre perdió las elecciones.

A pesar de que Sadam Husein ya se había sometido a las resoluciones de la ONU, Bill Clinton se opuso al levantamiento del embargo que la ONU había decretado contra Irak, hambreando así a los iraquíes y provocando 500 000 muertes. Sin embargo, lo que sí hizo Clinton fue frenar el rearme (principalmente al bloquear el proyecto de armamento espacial) y negarse a emprender la operación de Yugoslavia, que le había valido el apoyo del «aparato securitario de Estado». Peor aún, durante un ejercicio de simulacro, Bill Clinton descubrió la composición del gobierno secreto que el «aparato securitario de Estado» había conformado para sustituirlo a él.

A la cabeza de aquel gobierno secreto se encontraba el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld y se componía además de algunos de sus propios colaboradores, como el jefe de la CIA, James Woolsey. Para poder estar listos para garantizar el relevo, aquella gente espiaba permanentemente al gobierno civil, interceptando todas sus comunicaciones y todos sus documentos. Considerando que aquel dispositivo de la guerra fría era ya obsoleto, Clinton –que se negaba a ser un presidente desechable más– ordenó la disolución de dicha estructura. Y le costó caro.

El conflicto que comenzó entonces empezó a corroer a Estados Unidos desde adentro ya que algunos dirigentes del «Estado profundo» se dejaron llevar por la embriaguez del poder, mientras que otros trataban de parar aquella tendencia infernal. La desgarradura inevitablemente empuja Estados Unidos hacia la desintegración o la dictadura.
Luego de pasar a la clandestinidad total, parcialmente exilado en Israel, el «Estado profundo» estadounidense urde un complot contra Bill Clinton. Atrapado en 1995 en un asunto de faldas con una becaria israelí de la Casa Blanca, Mónica Lewinsky, Clinton se vio sometido a un procedimiento de impeachment de 1998 a 1999. Pero, contrariamente a Nixon –que no tenía margen de maniobra–, Clinton dio marcha atrás. En momentos en que la Cámara de Representantes acababa de votar su destitución, Clinton restableció el gobierno secreto y el Senado lo salvó. Después, le ordenó a la OTAN que bombardeara Serbia.

De todas maneras, después de toda aquella lucha por el poder, el «aparato securitario de Estado» no tenía intención alguna de aceptar al vicepresidente Albert Gore como sucesor de Clinton. El candidato del «aparato securitario de Estado», el republicano John McCain, perdió una primaria decisiva, pasándole así el testigo a una personalidad poco creíble, George W. Bush (Bush Jr.). No quedó más remedio que preparar al nuevo candidato, con la mayor precipitación. Se conformó un nuevo equipo con Dick Cheney, el gran jefe del Partido Republicano, y varios de los hombres claves del «Estado profundo».
Se le dio a Bush una formación acelerada mediante un grupo de especialistas, los Vulcanos (nombre del dios encargado de forjar las armas en el Olimpo), bajo la dirección del inoxidable Henry Kissinger y de la sovietóloga Condoleezza Rice. Se recolectó un océano de dólares para su campaña electoral. A pesar de todo, Al Gore derrotó a Bush Jr. El «Estado profundo» se vio entonces obligado a hacer trampa para cambiar el resultado del escrutinio, de forma visible y nada gloriosa, y para lograr que la Corte Suprema nombrara presidente a Bush Jr., a falta de haber podido lograr que saliera electo.

La transición Clinton-Bush Jr. se convirtió en una larga crisis. Durante el litigio por los resultados de la elección, los fondos que la Presidential Transition Act destinaba a los grupos de trabajo estuvieron congelados y los inmensos locales que estos grupos debían usar se mantuvieron cerrados. La administración Clinton tuvo que tomar medidas extraordinarias de seguridad para proteger al vicepresidente Gore. En definitiva, este último acabó abandonando el litigio como consecuencia de serias amenazas contra su familia. El dúo Bush Jr.-Cheney finalmente entró a la Casa Blanca. Al igual que en la época de la llegada del dúo Reagan-Bush padre, el verdadero poder recayó en el vicepresidente.

Saliendo nuevamente de las sombras, Donald Rumsfeld fue nombrado secretario de Defensa, mientras que Colin Powell se convertía en secretario de Estado y Condoleezza Rice era nombrada a la cabeza del Consejo de Seguridad Nacional. Meses más tarde, el «aparato securitario de Estado» organizaba los espectaculares atentados de Nueva York y Washington, reactivando así el militarismo estadounidense, ahora contra un adversario imaginario: el terrorismo islamista.



Lejos de consolidar el sistema, las demostraciones de fuerza que tuvieron lugar con el complot Lewinsky de 1995 a 1999, con las elecciones fraudulentas de 2000 y los atentados de 2001 aceleraron su desintegración interna postguerra fría. La inadecuación de las fuerzas armadas estadounidenses a la colonización de Afganistán e Irak condujo a una catástrofe similar a la Vietnam. El proyecto del vicepresidente Cheney, en el que Irán sería la siguiente presa, provocó el amotinamiento de una parte del Estado Mayor, inquieto ante la posibilidad de verse obligado a desplegar aún más tropas [4]. Por primera vez, el «aparato securitario de Estado» se encuentra dividido, en guerra consigo mismo.

En lo tocante a la sucesión de George W. Bush, las dos facciones tienen cada una su propio candidato. Y no resulta fácil comprender de qué manera pueden esperar los Clinton sacar provecho de dicha división para tomar su revancha y lograr meter a Hillary en la Oficina Oval. Los amotinados apoyan a Barack Obama, con el proyecto de una retirada parcial de Irak, quedando en buenos términos con Irán, y del ataque contra Pakistán. Mientras tanto, el clan Cheney apoya a McCain, con la esperanza de mantenerse en Irak y de acrecentar la presión sobre el Medio Oriente.

Ninguno de estos dos candidatos dispone de un plan tendiente a reconciliar las facciones opuestas en el seno del «aparato securitario de Estado». Lo cual indica que el próximo ocupante de la Casa Blanca, sea a quien sea, no podrá evitar la implosión del sistema.

No queda más remedio que reconocer que, aún tratándose de un hecho deplorable, el desarrollo del «aparato securitario de Estado» respondía a una lógica. Es posible comprender por qué se aplicó una democracia “entre paréntesis” durante la Segunda Guerra Mundial, e incluso durante la guerra fría. Pero nada en la situación actual justifica que eso se repita. En definitiva, las contradicciones internas de ese sistema han llegado al paroxismo en momentos en que el «aparato securitario de Estado» afirma querer democratizar el mundo por la fuerza.



Thierry Meyssan
Periodista y escritor, presidente de la Red Voltaire con sede en París, Francia. Es el autor de La gran impostura y del Pentagate.
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[1] «Stay-behind: les réseaux d’ingérence américains», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 20 de agosto de 2001. Ver sobre todo el libro de referencia: NATO’s Secret Army: Operation Gladio and Terrorism in Western Europe, por el professeur Daniele Ganser. Versión francesa Les Armées Secrètes de l’OTAN, éditions Demi-Lune, 2007. Disponible por correspondencia mediante la Librairie du Réseau Voltaire. Entrevista de Silvia Cattori con el autor: «Le terrorisme non revendiqué de l’OTAN», Réseau Voltaire, 29 de septiembre de 2006.

[2] «La stratégie anti-russe de Zbigniew Brzezinski», por Arthur Lepic, Réseau Voltaire, 22 de octubre de 2004.

[3] «Ronald Reagan contre l’Empire du Mal», Réseau Voltaire, 7 de junio de 2004.

[4] «Washington décrète un an de trêve globale», por Thierry Meyssan, 3 de diciembre de 2007

CONCIERTO "PUNK ROCK"




NOTA DE PRENSA
EL SABADO 15 DE MARZO MORTERO ESTARÁ CELEBRANDO SUS 5 AÑOS EN LAS TABLAS, POR ESA RAZON ESE DÍA SE REALIZARA UN CONCIERTO EN EL BERNABE BAR (BOLOGNESI 725 BARRANCO) ALAS 9 PM, CON LAS SIGUIENTES AGRUPACIONES: HEROE INOCENTE, SUICIDAS,SOMA,CHANCRO Y ULTIMO ACORDE. LA ENTRADA SERÁ 5 SOLES. TAMBIEN SE ESTARA VENDIENDO EL RECIENTE DEMO DE MORTERO LLAMADO "EL PERU PROGRESA".
LA BANDA MORTERO FORMADA EN JUNIO DEL 2002 , DIO SU PRIMERA PRESENTACION EL 14 DE MARZO DEL 2003 EN LA DISCOTECA STYLOS DEL AGUSTINO JUNTO A DANIEL F Y AGRUPACIONES DEL DICHO DISTRITO, CUANDO LAS EDADES DE LOS INTEGRANTES ESTABAN ENTRE LOS 12 Y 14 AÑOS.
ESPERAMOS CONTAR CON SU APOYO PARA QUE DE ESA MANERA "MORTERO" SIGA EN PIE Y NOS DE MÁS DOSIS DE MÚSICA
MAS INFO EN:WWW.MYSPACE.COM/LOSMORTERO

jueves, 13 de marzo de 2008

ENCUENTRO CON OCTAVIO PAZ por Raúl Henao

Octavio Paz es un poeta en el vértice luminoso de los tiempos. Un poeta del presente y la presencia, de la máscara y la transparencia, del cuerpo y el no cuerpo encarnado en la palabra amorosa. Un poeta que persigue incansablemente la identidad en el seno de las “multiplicaciones bajo una gota de sangre de pato” (F. García Lorca).

Su obra, al igual que la de los alquimistas y filósofos herméticos medievales, es sobre todo búsqueda de la “coincidentia oppositorum”, coincidencia de opuestos; búsqueda del comienzo que resulta a la vez culminación y negación del tiempo lineal. No es extraño que librada al más enconado y paradójico dualismo llame precisamente la atención por su innegable centralidad, por su asombrosa capacidad de síntesis. Su escritura siempre transparente en sus dos vertientes principales: la poesía y el ensayo, incursiona de manera certera en los temas capitales de nuestro tiempo revistiendo esa “universalidad” jamás reñida con lo particular (en su caso con la más honda raigambre mexicana) que caracteriza a los mejores escritores latinoamericanos pertenecientes a pueblos sin una definida tradición cultural y que por eso mismo consiguen asimilar sin falsos escrúpulos y de manera creativa, las más diversas manifestaciones artístico–literarias, sin perder un ápice de su identidad y autenticidad hispanoamericana. Así, la obra de Octavio Paz resulta ella misma, conjunción de tres vigorosas culturas: la de los antiguos mexicanos, la india o hindú (en su aspecto budista tántrico) y la cultura hispano-occidental moderna.

Parodiando a William Blake, Ramón Xirau define la obra de Paz como las “bodas de la inocencia y la experiencia”… Eso explica sobradamente porqué este último deriva precisamente en sus recientes ensayos de la reflexión acerca de la poesía a los movedizos terrenos de la política. Total, la política es experiencia y destino, el único destino que en los actuales momentos se reserva no solo a Occidente sino a la humanidad entera. A partir de la serie de artículos reunidos bajo el título de El Ogro Filantrópico, Octavio Paz publica un medular ensayo que es tanto esclarecimiento como encendida polémica a favor de la democracia: Tiempo Nublado (Seix Barral, 1983) ensayo que despierta actualmente fervorosas adhesiones y animadversiones a su alrededor y que sin lugar a dudas contribuirá a despejar el terreno minado que deja a su paso la “barbarie política” de nuestro tiempo… como tan acertadamente la denomina George Steiner.

Buena parte de la izquierda latinoamericana, apegada a fórmulas y esquemas prestados, a viejos resabios ideológicos y lo que es peor, incapaz de pensar por cuenta propia (son palabras del mismo Paz) quiere ver en esta últimas lucubraciones suyas un apoyo a la hegemonía imperial de los EE.UU. Nada menos cierto. En numerosos apartes de este libro, Paz señala los garrafales errores de la política norteamericana y sus desafueros, especialmente con los pueblos latinoamericanos. Pero dejemos que sea un marxista y militante argentino –José Aricó – director de la Biblioteca del Pensamiento Socialista, editor principal de la serie Cuadernos de Pasado y presente, publicados por Siglo XXI, autor de un importante libro sobre el tema Marx y la América latina… el que en una medular entrevista, le haga justicia a Octavio Paz: “Me parece que la conquista de la democracia como un elemento sustantivo en si, como objetivo ideal en si, tiende a ser el centro de la cultura de izquierda en América Latina. Yo no sé en consecuencia y reflexionando sobre algunos debates en torno a México, y a la vez continuando una vieja conversación con ustedes, no sé, repito, que me opone a Octavio Paz. Es posible que no haya oposición alguna. Porque Paz marcha exactamente en este mismo sentido. Que él pueda tener confianza en Estados Unidos, es un problema que no importa demasiado. De todos modos, es evidente que en América Latina debe haber una gran confrontación con Estados Unidos y que para ello las fórmulas al estilo “lucha anti-imperialista” ya no son suficientes. Hoy es necesario pensar la cuestión de manera distinta porque toda la situación es distinta. Y creo que la limitación en el caso del discurso de Paz, es que casi no encuentra interlocutores, en México. Claro, tal vez no revista importancia que un pensador tenga o no interlocutores. El ya hizo su obra, ya recibió sus premios, podría dedicarse a dormir si quisiese. La cuestión es que los problemas que suscita Paz constituyen los problemas centrales, y que cuando la izquierda los evita está evitando justamente la discusión de los problemas más urgentes, más dramáticos, más decisivos”. (América Latina: El destino se llama democracia. Entrevista a José Aricó por Horacio Crespo-Antonio Marimón. Revista de la Universidad de México).

A mediados de marzo del año 1984, el autor de la presente nota tuvo oportunidad de charlar con el propio Octavio Paz en su mítico apartamento del paseo de la Reforma, Ciudad de México… transcribo para los lectores parte de ese diálogo -al estilo del Solo a dos Voces que el poeta mexicano sostuviera con el escritor español Julián Ríos- sobre novelistas, poetas, poesía y política de ese momento ya lejano en el tiempo.
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RH. Maestro Paz, durante la lectura de su último poema “Kostas” realizada en “Arreolarte” (librería de Orso Arreola, hijo de J. José Arreola) creí escucharle –si no estoy mal- que lo único que merece ser defendido actualmente es la poesía. Ahora parece que usted agrega a dicha defensa la de la gris y precaria democracia latinoamericana. Quisiera que usted me aclarara ese punto.

OP. Bueno, veo que no ha leído todavía Tiempo Nublado, donde intento responder a su pregunta. Ahí hablo de la democracia como fundamento de la civilización moderna. Como un conjunto de ideas, prácticas e instituciones que constituyen una verdadera invención colectiva. La democracia no es una superestructura, no es simplemente resultado de las condiciones sociales y económicas propias del capitalismo y la revolución industrial, es toda una creación popular. El fracaso de las democracias latinoamericanas se debe no a su ineficacia o precariedad sino a la ausencia de una corriente intelectual crítica, realmente moderna, que la respalde y sirva a la vez de contrapeso a esa opresiva masa de opiniones, hábitos, costumbres, creencias, que forman la tradición de los pueblos hispanoamericanos y que por supuesto, no se modifica de un día para otro.

RH. De cualquier manera, maestro, aceptemos que la democracia hay que padecerla, en último caso, como un mal menor, como la forma de gobierno menos mala, a falta, claro está, de una auténtica encarnación del socialismo en la historia, tal como usted mismo lo dice. Disiento sí en aparejar dicha defensa a la de la poesía, porque se sabe que desde Platón, las repúblicas expulsan y repudian a los poetas debido quizás a que de algún modo muchos de ellos siguen ligados a la dimensión sagrada, intemporal del hombre: Exigen la restitución de “lo sagrado”, la vuelta a una cultura mágica o supernaturalista, donde la diferencia entre los hombres –percibida de modo natural e instintivo- no desdice de la igualdad. Es decir, no implica opresión del hombre por el hombre. Piden el derrocamiento definitivo del factor económico como determinante y meta de la vida humana.

OP. Bueno, en eso estoy de acuerdo con usted. La democracia margina a los poetas pero por otra parte estos no son posibles sin ella. Los poetas surgen con la democracia. Otras formas (modernas) de gobierno ni siquiera los toleran a no ser como voceros de sus respectivas ideologías. Y a propósito, cuénteme qué poetas leen en Colombia.

RH. En Colombia, país de poetas, no se lee poesía. Los poetas no importan para nada. Existen desde luego algunos “figurones” que llenan la reducida cuota que les corresponde en la cultura oficial y son los que ganan todos los premios y concursos de poesía. En el pasado apenas si contaron Silva, León de Greiff, Porfirio Barba Jacob (que sólo fue reivindicado póstumamente, cuando en vida lo desconocieron por completo). En su época se prefería a Guillermo Valencia y eso porque le jalaba a la política.

OP. Ah si, Valencia… Aquí en México llegó a gozar de prestigio. Es un poeta muy convencional ¿Y Alvaro Mutis? ¿Leen en Colombia a Mutis?

RH. Se empieza a reconocer a nivel oficial la alta calidad de su obra poética. Sin embargo, entre la juventud le resta simpatías el hecho de que en algún momento se declara “monárquico” (días después conversando con el propio A. Mutis le hice la misma observación: -“usted sabe maestro, los colombianos carecemos de humor o por lo menos no se considera como tal sino el “mamagallismo” de un García Márquez” -“que siempre habla en serio” repuso irónico Álvaro Mutis). Pero dígame usted, a su vez, maestro Paz, ¿Cuáles poetas considera valiosos en México?

OP. Bueno, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis no han vuelto a escribir nada de interés. Considero importante el trabajo de Thomas Segovia y Gabriel Zaid.
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RH. ¿Y Montes de Oca? Oí decir que Joaquín Mortiz publicará próximamente su obra completa.

OP. Montes de Oca es un excelente poeta, en ocasiones desmedido y un tanto profuso en el uso de la imagen poética. Resulta que ahora, para esa publicación de la que me habla decidió corregir todos sus poemas. Yo intenté disuadirlo pero…

RH. Me parece un trabajo inútil… A menos que uno sea Borges. En lo que se refiere a José Emilio Pacheco me gustó la antología publicada en el Fondo de Cultura Económica “Tarde o temprano”… me parece un magnífico trabajo.

OP. ¡Cómo, Y yo que creía que no le gustaba Cobo Borda!

RH. Qué tienen que ver Cobo Borda con José Emilio, aparte de ser amigos, claro está… Pacheco me parece muy superior, más innovador y significativo. Por el contrario, creía que era a usted, precisamente, al que le gustaba Cobo Borda…

OP. Como poeta Cobo es menor. En cambio resulta interesante como ensayista. Es bastante inteligente ¿Y a usted porque lo califican de surrealista?

RH. …De para-surrealista, maestro, eso es cosa del escritor rumano Stefan Baciu. Yo sólo intento modestamente serle fiel a la poesía y a mí mismo. No dejo de pensar, sin embargo, que al presente, los poetas latinoamericanos se definen de manera instintiva por una de las dos corrientes predominantes en la poesía moderna: la surrealista y la angloamericana. Usted mismo en un medular ensayo temprano califica de “nuevos acólitos” a estos últimos. Es un calificativo peyorativo, casi despectivo. Así que en realidad, solo concede importancia a la influencia surrealista.

OP. En ningún momento, en ese breve comentario, niego la novedad e importancia de la poesía y pintura angloamericana. Quise decir que en el ámbito de la poesía hispanoamericana a ese movimiento o revolución poética corresponde la poesía hecha –hace más de cuarenta años- por Tablada, Huidobro, Neruda y Vallejo, prolongándose hasta nuestros días en la obra de varios poetas de mi generación como Lezama Lima, Enrique Molina, Nicanor Parra, Alberto Girri, etcétera. Esa es la tradición que debería tener en cuenta los nuevos poetas latinoamericanos aún para negarla…Creo haber insistido bastante en el hecho de toda negación, si no es un grito en el vacío, se debe entender como relación polémica con aquello que se niega.

RH. Fuera de lo que acaba de anotar, me importa esa diferencia o divergencia esencial –indicada por usted- entre la tradición poética inglesa que es nostalgia de clasicismo, retorno al Dante, por ejemplo, (en Eliot), o a los momentos meridianos de las civilizaciones clásicas (China, Grecia, Occitania, en Pound) y la tradición francesa e hispanoamericana –de signo contrario- que usted señala como búsqueda de un lenguaje primordial. Esa misma búsqueda es lo que nos emparenta espontáneamente con el surrealismo, ¿no le parece?

OP. Si, pero existe la tendencia a copiar el surrealismo como una moda.

RH. Yo no creo que el interés que despierta –siempre de nuevo- el surrealismo sea sólo una moda. Fíjese en el grupo surrealista de Chicago – Norteamérica, allí hay un fervor, una efervescencia bien significativa que augura, quizás, una futura confluencia de la tradición angloamericana con la franco-hispanoamericana.

OP. A mi me parecen muy ortodoxos.

RH. Seguro que no es el caso de Philip Lamantia, ligado últimamente a las revistas Arsenal y Free Spirits Annals of Insurgent Imagination, del grupo de Chicago. Se trata de un poeta original que en realidad pertenece o perteneció a la generación Beatnik. Por lo demás en alguna parte usted mismo anota –citando nada menos que a Aristóteles- que toda verdadera creación comienza por ser una imitación. Que la imitación no va reñida con la originalidad…ahí están si se quiere Huidobro, César Moro…

OP. Huidobro es capital pero le faltó arraigo en lo americano, en lo terrígeno… Algo que por el contrario, caracteriza a Vallejo, a Neruda. César Moro me resulta muy ortodoxo como surrealista.
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RH. Pero esa ortodoxia hace parte de su originalidad. A medida que uno profundiza en su lectura se acentúa su originalidad. Por otra parte su vida misma, su figura, fue ejemplar, como dice en uno de sus poemas Enrique Molina: “César Moro: el salvaje testimonio de una aventura de lo absoluto”

OP. –Si, lo último es cierto.

RH. –Para redondear esta charla maestro Paz, volvamos a la política. A usted se le reprocha como irreverente y errada su posición frente al socialismo cubano. ¿Qué piensa, al fin de cuentas, sobre el caso cubano?

OP. –Lo remito de nuevo a Tiempo Nublado. Allí explico de manera detallada la singularidad del régimen cubano que, al igual que el comunismo soviético, usurpa y confisca el nombre y la tradición del socialismo para disfrazar sus aspiraciones burocráticas y totalitarias. La novedad del régimen cubano en Latinoamérica consiste en presentarse como una nueva legitimidad revolucionaria que no solo sustituye a la dictadura militar de facto sino a la antigua legitimidad histórica: la democracia representativa con su sistema de garantías individuales y derechos humanos.

Se rompe, de esa manera, la tradición que fundó América Latina para dar comienzo no al socialismo sino a dicha legitimidad revolucionaria representada supuestamente, por el movimiento general y ascendente de la historia que encarna en una clase: el proletariado, que lo entrega a un partido, que lo delega en un comité, que lo confía a un jefe: Castro o los jerarcas soviéticos; a los que, claro está, solo puede juzgar la misma historia, constituida ahora en divinidad de la humanidad. Asistimos así al regreso del Absolutismo disfrazado de ciencia, historia y dialéctica.

RH. -¿Cree que la literatura cubana en el exilio es realmente importante?

OP. –Sin duda alguna… lea si no a Lorenzo García Vega, Octavio Armand, Severo Sarduy Heberto Padilla, Cabrera Infante. Etcétera. ¿Le gusta Cabrera Infante?

RH. –Confieso que apenas lo he leído… Me parece superficial.

OP. –Es muy buen escritor. La Habana para un infante difunto es excelente. En ese libro hay páginas de un erotismo (o mejor autoerotismo) que no tiene precedente en Latinoamérica. Le he dicho al propio Cabrera Infante que me parece flojo el titulo del libro, aparte de su extensión desmesurada. Le faltó cortar a tiempo, ser más conciso… Algo que en cambio, logra siempre García Márquez, cuyo maestro fue –al fin de cuentas- Ernest Hemingway. Y ahora que hablamos de novelistas…le cuento que anoche vino Carlos Fuentes a despedirse… Viajaba a Estados Unidos. ¿Conocen a Fuentes en Colombia?

RH. Por supuesto. Usted mismo, Juan Rulfo y Carlos Fuentes, son quizá los escritores mejicanos más conocidos en Colombia.

OP. –Pues, fíjese Henao que Fuentes comparte enteramente mi posición frente al mundo actual. Sin embargo, la va bien con todos sus lectores. Nadie parece molestase por sus opiniones.
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RH. – Fuentes es mejor diplomático, maestro Paz. Usted en cambio, sigue siendo además de crítico, un poeta. Quiero decir que es doblemente crítico. Esto último lo pone en entredicho aún en el ámbito de la democracia, tan defendida por usted. Se confirma la regla, los poetas siguen siendo mal vistos en la república moderna… A menos que se refugien en el proselitismo político; que sean de derecha o izquierda, eso resulta irrelevante.